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Arrugas de expresión

Las arrugas de expresión son aquellas que aparecen con la mímica facial (gesticulación) y se relacionan con la expresividad de la persona. Se originan por la contracción de los músculos voluntarios de la cara a partir de los impulsos nerviosos que desde el cerebro se conducen a través del llamado nervio facial. 

La contracción de cada músculo genera una arruga que le es propia. Así:

  • La contracción del músculo frontal provoca la elevación de las cejas y aparecen arrugas que recorren horizontalmente la frente
  • La contracción del músculo corrugador de la zona glabelar provoca el fruncimiento del entrecejo (aproxima entre sí las cejas) y provocan la aparición de arrugas verticales en esta zona
  • La contracción del músculo orbicular de los párpados causa el cierre forzado de los ojos y genera la aparición de unas arrugas que irradian desde el canto lateral de los mismos. Son las conocidas popularmente como "patas de gallo"
  • La contracción del músculo orbicular de los labios causa el fruncimiento de la boca y provoca la aparición del famoso "código de barras"
  • La contracción del músculo platisma provoca la aparición de unas bandas verticales en la parte anterior del cuello que discurren desde el reborde inferior de la mandíbula hacia el esternón y las clavículas
 

Aunque todas las personas expresan arrugas de expresión con la gesticulación, sólo debe indicarse su tratamiento por motivos estéticos cuando la intensidad de las arrugas supone un importante impacto psicológico en el paciente. 

Solamente está autorizado el tratamiento de aquellas arrugas localizadas en el tercio superior de la cara, concretamente las localizadas en la frente, el entrecejo y las "patas de gallo".

 El tratamiento se hace en la consulta y de forma ambulatoria.

Se identifica el músculo responsable de generar la arruga y se bloquea por infiltración con aguja fina. Habitualmente practicamos esta intervención sin necesidad de anestesia local. En pacientes más sensibles puede aplicarse previamente analgesia tópica mediante la aplicación de frío en la zona a tratar.

La infiltración debilita el normal funcionamiento del músculo, que pierde fuerza para contraerse. Este efecto no es apreciable de forma inmediata sino que empieza a manifestarse a partir del tercer día y son máximos al mes y medio del tratamiento.

En la primera consulta el cirujano realizará una historia clínica completa, descartando enfermedades generales o medicaciones que esté tomando que pudieran interferir o incluso contraindicar el tratamiento.

El tratamiento está contraindicado en:

  • Pacientes menores de 18 años
  • Sensibilidad conocida a algunos de sus componentes.
  • Si existen enfermedades de la coagulación sanguínea como la hemofilia o se están tomando medicamentos que la alteran (ácido acetilsalicílico -Aspirina ®- , heparina, Sintrom®, Plavix ® y otros).
  • Antecedentes de enfermedades del sistema neuromuscular que impliquen debilidad en la contracción de los músculos tales como la Miastenia gravis, el Síndrome de Eaton-Lambert, esclerosis lateral amioatrófica (ELA) y otras.
  • Infecciones activas de la piel en el lugar a tratar.
  • Antecedentes de enfermedades conocidas del sistema inmunitario en fase activa o pacientes con tratamiento farmacológico inmunosupresor.

Se desconocen las posibles interacciones de este producto con:

  • El embarazo y lactancia materna. Por ello, se desaconseja su administración a mujeres gestantes y durante la lactancia materna.
  • Otros implantes cutáneos que el paciente pudiera tener previamente aplicados en el área a tratar. No se aconseja, por tanto, mezclar productos en la misma zona.

 

Con el paso del tiempo, el tratamiento aplicado pierde efectividad y se apreciará una lenta y progresiva pérdida del efecto conseguido. Aunque la contracción muscular empieza a recuperarse a partir de los 3 meses de su aplicación, sus efectos pueden aún notarse hasta aproximadamente los 6 meses del tratamiento.

Por ello, siempre son necesarias de forma periódica nuevos tratamientos para mantener los resultados. No se aconsejan nuevas aplicaciones antes de los 3 meses, siendo lo recomendable repetirlas cada 6 meses.

Una aplicación demasiado frecuente o excesiva puede dar lugar a una disminución en la efectividad de futuros tratamientos.



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